“Este baile de máscaras ha sido una de las etapas de una toma de conciencia”
Marguerite Yourcenar
Marguerite Yourcenar escribió el libro Fuegos en 1935 y lo publicó en 1936. Está compuesto por nueve relatos poéticos. Éstos, según la Transtextualidad de Genette, son los hipertextos de obras clásicas de diferentes autores y culturas que cumplen la función de hipotextos.
Este análisis está enfocado, específicamente, a los relatos: Aquiles o la mentira; Patroclo o el destino; Antígona o la elección; y Clitemnestra o el crimen. Los hipotextos son: La Iliada de Homero para el primer y segundo relato; la tragedia Antígona de Sófocles para el tercer relato; y la trilogía de la Orestea de Esquilo para el último relato poético.
Aquiles o la mentira
Según la mitología griega, Tetis después de conocer sobre la guerra de Troya, decide enviar a su hijo Aquiles donde el Rey Licomedes en el reino Esciro por protección. Tetis conoce que su hijo morirá en la batalla, por tal motivo lo esconde en la Isla de Licomedes. El héroe era asediado por los argivos para encaminarlo a la guerra, es por esto que Aquiles debe llevar la apariencia de una mujer para desviar la atención de los guerreros. Con el aspecto femenino, el héroe convive con las dos hijas de Licomedes: Misandra y Deidamía. Aquiles se relaciona con las dos mujeres. Fruto de estas relaciones, Deidamía da a luz al hijo de Aquiles: Neoptólemo. Sin embargo, Aquiles es descubierto por Odiseo cuando éste llega a la Isla en busca del héroe; al momento de ofrecer a las mujeres vestidos y esencias, Aquiles, en su lugar, toma las armas de Odiseo demostrando ser varón y guerrero.
Marguerite Yourcenar desarrolla este mito sin alejarse del hipotexto. Sin embargo, profundiza la situación del héroe, de su madre y de las mujeres con las que convive. Por un lado, nos presenta a la diosa Tetis frente a la decisión de haber compartido el lecho con un mortal: “Aquel hijo infectado de mortalidad le recordaba la única culpa de su juventud divina: se había acostado con un hombre sin tomar la banal precaución de convertirlo en dios.” Por esta decisión, Tetis intenta evitar la muerte de su hijo en la guerra.
Aquiles, en este cuento, a diferencia de lo leído en la Iliada, no es un personaje dominado por la cólera que mata a cuanto adversario se le presente, ni tampoco es ayudado por dioses –sólo por su madre. Yourcenar presenta a un personaje humano, con los pies en la tierra y con deseos de compartir su ser con una mujer: “harto de gargantas salvajes, soñaba con senos de mujer”
Los motivos principales son la mentira por parte de Tetis al ocultar a su hijo y disfrazarlo de mujer. Aquiles también miente a Patroclo, Odiseo y Tersites. Estas mentiras son la representación del temor del héroe y de su madre a enfrentar el destino preestablecido para el héroe. Aquiles también se miente a sí mismo al negar su condición de guerrero y quedarse sumiso ante las decisiones de Deidamía y Misandra. Aquiles, que mitológicamente es el mejor guerrero, en este cuento está rodeado y manipulado por las decisiones que toman las mujeres. Por su madre se refugió en la Isla; mato a Deidamía por celos; y partió a la guerra por impulso de Misandra.
El amor es un motivo que, como la mentira, se desarrolla en beneficio de Aquiles. Primero se muestra el amor de su madre al ocultarlo; luego el amor de Aquiles por Deidamía y el de Misandra por el héroe. En este caso, el amor es la representación de lo humano de Aquiles al preferir quedarse junto a una mujer que partir a Troya. Sin embargo, por el amor que le tenía a Deidamía prefiere matarla a que exista la posibilidad de que ella lo reemplace por otro hombre, como por Patroclo.
La imagen de Aquiles en este relato es femenina. Esta revaloración tiene como objetivo mostrar más humano a un semidiós, que se caracteriza por la violencia de sus acciones. Lo femenino es la parte delicada de este personaje. Conocemos a un héroe con miedo de enfrentar la guerra. La transición de Aquiles de lo humano a lo divino es notoria al abordar la nave e impresionar con su apariencia de dios a Patroclo.
Patroclo o el destino
Según La Iliada, Patroclo muere a manos de Héctor y éste muere asesinado por Aquiles como venganza. Yourcenar desarrolla el dolor experimentado por Aquiles frente a la muerte de su compañero más querido.
“Desde la muerte del amigo que había llenado el mundo y lo había reemplazado, Aquiles no abandonaba su tienda alfombrada de sombras: desnudo acostado en el suelo como si se esforzara por imitar al cadáver, se dejaba roer por los piojos del recuerdo”
Para Aquiles la muerte es un sacramento que no todos lo consiguen. La mayoría solo se deshacen en cuerpo y alma pero sólo unos cuantos consiguen morir de acuerdo al concepto de la bella muerte. Sin embargo, Aquiles eleva su amor por Patroclo al desear haber sido él el que lo mate. La belleza de Patroclo era una obra maestra para Aquiles y éste deseaba ser quien privara de dicha belleza al mundo, acaparándola.
La cólera de Aquiles tiene como blanco a las Amazonas a las que enfrenta. Yourcenar afirma que para Aquiles, las mujeres son la representación de la desgracia. Reprocha a su madre por haberlo sumergido en la laguna Estigia; tiene un resentimiento con las hijas de Licomedes por no haberlo amado como el quiso; se reprende por haber amado a Briseida. Aquiles halaga a su compañero; lo eleva más allá de lo que las muejres le pudieron ofrecer. Para Aquiles, Patroclo es la belleza de cuerpo y alma que llegó a anhelar para su felicidad.
Aquiles enfrenta a Pentesilea porque encuentra en ella los elementos que crean la imagen de Patroclo: valentía, dignidad, fortaleza, belleza. El héroe mata la imagen de Patroclo que halla en Pentesilea. Aquiles actuó de acuerdo al impulso de la ausencia definitiva de lo mejor que tenía en su vida: el amor. Patroclo es la inspiración y su muerte la justificación para todos los hechos violentos que Aquiles comete.
Antígona o la elección
Sófocles representó en su tragedia a una de las mujeres más relevantes de la historia. Antígona no sólo es la representación del amor familiar, sino es la imagen de la mujer valiente, que transgrede las leyes a favor de la justicia.
Yourcenar presenta a Antígona como un personaje que se debate entre la luminosidad de su destino y la oscuridad de sus elecciones. Luego de la muerte de la Esfinge, Tebas es inmune a los secretos: Edipo se mutila los ojos; Yocasta se estrangula para no contemplar la realidad; Creonte asume el Gobierno. El dolor de todo lo sucedido lo absorbe Antígona: “Sólo Antígona soporta las flechas que dispara la lámpara de arco de Apolo, como si el dolor le sirviera de gafas oscuras”
Luego del destierro de Edipo, Antígona vuelve a Tebas. La injusticia se le presenta en donde más duele: la propia sangre. Polinices yace muerto sobre la tierra, a merced de los perros. Para ella, las leyes no pueden ser más importantes que el amor por el ser que compartió el útero materno. Es así que Antígona se condena al calabozo; no lo hace con arrepentimiento, sino con el orgullo de la valentía justificada en el acto más noble hacia la sangre.
El dolor de Antígona es triple: por Edipo y su destino; por Polinices y su muerte; y por renunciar al amor de Hemón. El suicidio de Antígona es el símbolo de la lealtad y nobleza hacia el amor. Antígona no hubiese podido jamás descansar con saber que su hermano es devorado por los perros; pero sobretodo, al saber que el mundo estaba sometido a la injusticia. Antígona es uno de los ejemplos más altos de valor, de amor y de humanidad.
Clitemnestra y el crimen
Esquilo representó la cuestionada imagen de Clitemnestra. Madre dolida por el sacrificio realizado a su hija; esposa que ve traicionado su lecho; asesina de su esposo; y víctima fatal de su hijo.
Yourcenar, cede la palabra a Clitemnestra frente a los jueces para exponer las razones de su actitud; logra así un acercamiento entre el personaje y el lector. Esta mujer es víctima del impulso de sus sentimientos. Ninguna de sus acciones es justificada si no se logra entender el sentir de ella frente a su realidad. Desde el nacimiento, Clitemnestra estuvo destinada a compartir la realidad junto a Agamenón. No conoció otra realidad que no sea él. Agamenón fue su todo por imposición. Sin embargo, lo amó. Después que partió hacia Troya, ella siempre lo esperó abnegadamente. Clitemnestra no se relacionó con Egisto por traición, sino para demostrar que Agamenón era irremplazable a pesar que los vientos que devolvía la guerra tenían rumores de una traición por parte del Atrida.
Luego de diez años de batalla, Clitemnestra supo del retorno de su esposo. Quiso matar a Egisto para purificar el palacio, su vida. Pero el hombre que retornó ya no era el mismo: la valentía fue sustituida por la costumbre de autoridad; y el retorno trajo consigo, de la mano de Agamenón, a Casandra como la imagen de la traición.
Clitemnestra no es un personaje dominado por el odio y la traición; más bien es un personaje que se desenvuelve de acuerdo a lo que le ordena su corazón. Todo lo contrario sucede con Egisto, que por miedo a morir es cómplice de la muerte del Atrida. La imagen de Egisto es de un ser cobarde, dominado por el miedo. Agamenón es víctima de las circunstancias y del tiempo transcurrido desde que zarpó hacia Troya. El ser humano sensato se quedó en el palacio y el descontrolado partió hacia la guerra. Clitemnestra no mató a Agamenón; Clitemnestra asesinó a la ausencia de Agamenón en un ser que le era irreconocible.
Como consecuencia de sus acciones, Clitemnestra está condenada en la tragedia a esperar la venganza de su hijo Orestes. Como símbolo de sus decisiones, Clitemnestra está penada a sufrir bajo la posible venganza de Agamenón desde las sombras, por siempre.
Los clásicos, desde mi punto de vista, son importantes por la complejidad de sus personajes; por las situaciones límites a las que están condenados; y porque son personajes con la capacidad de decidir sobre su vida.
Son en sí, la representación de la sociedad de cualquier tiempo. Son el símbolo de las virtudes y a la vez de las debilidades; del amor como del odio; son la representación de lo bueno como lo malo de la vida. Todos los seres humanos llevamos el latido del legado de los clásicos. Cada persona puede reinterpretar un papel mitológico de acuerdo a las circunstancias. Pero es el conocimiento de estos libros lo que nos permite contemplarlos desde un ángulo más familiar.
La vida de un ser humano está orientada de acuerdo a las decisiones que tome. Los clásicos ya sea con el ejemplo de buenas decisiones, como Odiseo; o lo contrario, como Tersites, nos acercan el poder de decidir, pero sobretodo, de ser sensatos con las elecciones.
La humanidad es el rostro que presentamos hacia la sociedad. Mientras más decisiones acertadas tomemos, más humanos seremos. Si la vida de cada ser humano no es herramienta para el beneficio de sus pares, su humanidad es solo un parapeto de egoísmo e insensatez. El ser humano debe ser correspondiente con su realidad y no aislarse de ella. Si los clásicos han perdurado más de dos mil años, no es por el entretenimiento del lector; es por la conciencia sobre la vida, la muerte, el amor, las decisiones, los castigos que se queda impregnada desde la primera lectura que se haga. Los clásicos no son solo historias que se crearon en el pasado; son la representación infinita del ser humano a lo largo de su existencia. Todos, dentro de cada uno, en su actuar y en su pensar, llevan su propio Aquiles, su Odiseo, su Antígona, su Orestes, su Apolo, etc. Todos somos la reminiscencia de los clásicos, lo importante es saber si estamos siendo dignos de llamarnos así.
“El que sea justo por voluntad propia y sin que lo obligue la necesidad, no será un hombre carente de dicha y nunca podrá llegar a perderse del todo. Pero el que se rebela con audacia, calculando la ley, y en tropel amontona innúmeras riquezas mediante violencia y sin justicia, digo que, con el tiempo, recogerá la vela, cuando de él se apodere la angustia, al rompérsele el mástil del barco”
Esquilo
Eumenides
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